1 de marzo de 2017

Esos filósofos...


Ley contra el cristianismo


Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra a muerte contra el vicio: el vicio es el cristianismo

Artículo primero.- Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: él enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones, se tiene el presidio.

Artículo segundo.- Toda participación en un servicio divino es un atentado a la moralidad pública. Se será menos duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser-cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

Artículo tercero.- El lugar maldito en el que el cristianismo ha encovado sus huesos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.

Artículo cuarto.- La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto “impuro” es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.

Artículo quinto.- Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, -se lo proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

Artículo sexto.- A la historia “sagrada” se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras “Dios”, “salvador”, “redentor”, “santo”, se las empleará como insultos, como divisas para los criminales.

Artículo séptimo.- El resto se sigue de aquí.


*F. Nietzsche, El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo. Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual, Madrid, Alianza Editorial, Col. El Libro de Bolsillo, n. 507, 1974, 6ª ed. 1979. 

1 de febrero de 2017

La filosofía de la pastilla

¿Está usted triste? Tome Prozac. ¿Es usted tímido? La Paroxetina resolverá su problema. ¿No duerme? Un Orfidal. ¿Le cuesta disfrutar de las situaciones que se le presentan? El DSM-5 cambiará su enfoque de la realidad. ¿Tiene una criatura hiperactiva? Unas anfetaminas lo solucionan. No se haga preguntas sobre el sentido de la vida ni sobre su papel en ella, la todopoderosa industria farmacéutica tiene las respuestas que anda buscando.

Al capitalismo, el mundo se le ha quedado pequeño. Ha conquistado las tierras, los mercados y ahora conquista nuestros cuerpos y nuestras mentes, nos genera nuevas necesidades. Cada día se inventan nuevos fármacos, los laboratorios trabajan a pleno rendimiento ofreciendo curas para cualquier mal. La sociedad capitalista necesita estos remedios para poder resistir unas condiciones de vida pésimas. Si trabajas a turnos, tienes que tomar una pastilla para dormir y otra para aguantar despierto. Si estás 10 horas al día de pie o sentado en tu puesto, necesitas una pastilla para sobrellevar el agotamiento. Si desarrollas una actividad física en el andamio, en la mina, en el campo…, necesitas una pastilla para soportar los dolores musculares. Si vives pendiente de que te renueven tu contrato laboral o estás desempleado, necesitas una pastilla para mitigar la ansiedad.

El estrés, ese malvivir que aqueja a nuestra sociedad, esa plaga que se extiende inmisericorde por el mundo neoliberal, nos agrede y nos mata. Las pastillas nos ayudan a seguir viviendo con estas agresiones y en los estados límite. La enfermedad es un refugio. Es preferible tener depresión, fibromialgia o síndrome de lo que sea, antes que parar en seco, recapacitar  y preguntarse ¿qué diablos estoy haciendo con mi vida? Es mejor tomarse una pastilla que nos mantenga alejados de la realidad que admitir que vamos a la deriva, que nuestra existencia es una condena, un timo, que no podemos más.

Tu vida es una mierda, el sistema lo sabe porque es él quien ha planificado tu entorno para que lo sea. Pero te llegan mensajes en los que dicen que te quieras, que seas feliz, que gastes, que compres, que te cuides. Distraen tu mente de lo que importa, no quieren que pienses. No quieren que te des cuenta de que todo es un gigantesco error y que no tienes por qué vivir en Babia con la Visa en la mano. Debes luchar para cambiar esa situación.

La publicidad ha sustituido a la Filosofía y tiene respuestas para todo. En los anuncios la gente aparece sonriente y feliz, y eso te hace reflexionar. Llegas a la conclusión de que eres feo y necesitas una ortodoncia y una operación de estética, usar ese champú, ponerte ese perfume, vestirte en tal tienda. Estás gordo porque no sabes comer sano, aunque con unos batidos especialmente diseñados para sebosos como tú, lograrás el peso ideal, rebajar el colesterol, sentirte ligero, el optimismo vital. Desde la  televisión te machacan, tu vida es una caca, algo te pasa si te sientes frustrado, decaído, desgraciado, pero eso tiene solución, tenemos pastillas para follar, para estudiar, para no sentir hambre. Tenemos pastillas para no pensar, para ser dóciles y adaptables, para aguantar lo que nos echen. Sin este soma huxleyiano deberíamos mantener otros ritmos vitales, necesitaríamos más tiempo para descansar, dormir, relacionarnos… Y sin una mente abotagada por las pastillas, tal vez, incluso, podríamos pensar.

1 de enero de 2017

La filosofía de Homer Simpson

Homer Simpson llega a la facultad de Filosofía de la Universidad de Glasgow, que ha creado un curso donde se estudia la filosofía de la famosa serie creada por Matt Groening.

El profesor John Donaldson, responsable de impartir la materia, opina que la serie es uno de los grandes referentes de nuestra cultura y del mundo moderno: «Aunque es evidente que el patriarca de los Simpson tiene algunos defectos morales, es tragón, le cuesta decir la verdad y puede ser bastante violento, también hay mucho que decir en su defensa: es un marido fiel, un hombre de familia de corazón abierto y, a su manera, de buen carácter».

La particular manera que tiene Homer Simpson de ver la vida interesa, la prueba es que las plazas para realizar el curso se agotaron enseguida, y eso que no es barato: 30.000 libras, unos 35.000 euros. 

1 de diciembre de 2016

Y un solo dios verdadero

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano, limitado y torpe, busca respuesta a cuestiones para las que no halla solución. De ahí surge la necesidad de recurrir a un ente superior, sabio y todopoderoso, que resuelva todas nuestras dudas. El viento, el Sol, una montaña, un animal, un ser visible o invisible… ¿Quién tiene las claves que rigen el mundo? Dios. Así es como hemos denominado al máximo hacedor.

El dilema surge cuando pretendemos que exista solo un dios verdadero, uno que detenle el supremo poder. Y este es el punto de partida común de las tres religiones monoteístas. La Biblia es el libro que contiene el germen de tres religiones, la hebrea, la musulmana y la cristiana. La Biblia conserva la revelación de dios a los hombres, a Abraham, que luego fue difundida por diferentes profetas. Supone el triunfo del único dios verdadero sobre los ignorantes politeístas. Sin embargo, existe una enorme brecha en la interpretación de dios que separa a cristianos, judíos y musulmanes, es el reconocimiento de una naturaleza divina al profeta, que es al mismo tiempo humano y divino. Por ejemplo, los cristianos deben aceptar que Jesús fue el Mesías resucitado de entre los muertos, hombre y Dios a la vez.

Pese a haber nacido con el propósito de salvar a la humanidad, en ocasiones parece que la religión, lejos de ser una solución, sea la causa de los conflictos entre las civilizaciones. Así, hoy asistimos a la declaración de la guerra global contra el Islam, que no es nueva, pues ya hubo un llamamiento del Papa Urbano II en 1095 para reconquistar los santos lugares que se zanjó con millares de muertos.

Aunque en algo están de acuerdo las tres religiones monoteístas, todas se oponen al laicismo. La ciencia va ganando terreno a la religión porque responde a los dilemas existenciales del hombre. Pero también la ciencia lleva a la lógica humana a callejones sin salida. Entonces, ¿en qué podemos creer? El concepto de dios evoluciona con el tiempo y en la actualidad existe un dios menos abstracto, más personal y ajustado a la razón. ¿Cuál de todos es el auténtico dios? No es una cuestión menor, porque de ello depende que mi fe sea la verdadera y, nada menos, que mi salvación.

1 de noviembre de 2016

La Filosofía es imprescindible

La Filosofía logró que Europa se alejase de las culturas orientales al introducir un pensamiento crítico que acabase con los dogmas, los fanatismos y la superstición. Se pretendía elevar el pensamiento a un nivel superior y así comprender mejor las creaciones de la inteligencia.

La búsqueda de la verdad fue un objetivo claro, quizá el único y más ambicioso de cuantos ha acometido el ser humano. Durante un tiempo todos los esfuerzos de los grandes pensadores y filósofos se encaminaban a este fin, pero en los tiempos actuales la verdad ha perdido relevancia. Surgen las interpretaciones más variadas y contradictorias, se valora la perspectiva, se mezcla la verdad con lo que se toma como verdad, la claridad se enturbia con proclamas… Es el imperio de la opinión y el respeto hacia todas las opiniones, no importa cuáles sean. La libertad de expresión dinamita el buen juicio, el criterio acertado, porque se puede decir cualquier estupidez, cualquier mentira, y todo será respetable.

La Filosofía consiste en fundamentar el pensamiento crítico, verificar la validez de los argumentos y dotar de verdad a las afirmaciones. Por eso es crucial para el desarrollo de cualquier sociedad. Por eso hay que reivindicarla.

Ahora hay tantos embaucadores intentando confundirnos, tantas versiones distintas de la verdad, que resulta complicado discernir cuándo nos engañan. ¿Cómo juzgar los argumentos que nos ofrecen? Pues preguntando cómo se ha llegado a esa conclusión. De la respuesta dependerá la credibilidad de quien afirma.

1 de octubre de 2016

Entre dos pasiones

«La vida equivocada no puede ser vivida correctamente».



En 1903 nació en Frankfurt Theodor W. Adorno. Era hijo de un próspero comerciante de vinos de origen judío, Oscar Wiesengrund, y de Maria Calvelli-Adorno delle Piane, una cantante de ópera, perteneciente a una familia católica italiana. En el hogar familiar residía una hermana de la madre que era pianista y su figura contribuyó de forma decisiva al interés por la música que desde pequeño sintió Adorno. Enseguida sus padres vieron en él cualidades de niño prodigio y lo mimaron y protegieron. Pero en la escuela las cosas eran bien distintas, sus compañeros de clase le pegaban y le ridiculizaban con insultos antisemitas. Tiempo después, el filósofo redujo su apellido paterno, de origen claramente judío, a la letra inicial, W. Las secuelas del estigma influyeron y perduraron en el pensamiento de Adorno, que enfrentaba la utópica bondad del amor a la maldad del mundo.

Influido por el amor familiar hacia la música, Adorno estuvo siempre muy ligado a ella. Con diecinueve años, publicaba ensayos y críticas musicales, y era un firme defensor de las nuevas tendencias. Estudió en Viena las novedosas técnicas de composición y se convirtió en alumno de Alban Berg, discípulo de Arnold Schoenberg. Pero al cabo de un año se truncaba su carrera como compositor y concertista porque la Segunda Escuela Vienesa era muy competitiva.


Este fracaso y el interés por la sociedad y la política llevaron a Adorno a iniciar su actividad docente. A los veintiún años se había doctorado con un trabajo sobre la fenomenología de Husserl, aunque sus influencias más marcadas procedían de pensadores que secundaban la tradición marxista. Colaboró con la Revista para la Investigación Social que editaba el filósofo Max Horkheimer y comenzó a estudiar las causas del proceso de autodisolución de la sociedad burguesa por la tendencia de las modernas sociedades liberales hacia formas autoritarias y represivas de poder. Con un criterio opuesto al de Hegel, que afirmaba que la historia se mueve por el ingenio de la razón, Adorno intenta demostrar que se encamina hacia el caos. Su proyecto era también el de la Escuela de Frankfurt, entender el motivo por el que en ese momento histórico de gran desarrollo técnico y científico, en vez de la emancipación individual se producía todo lo contrario: la destrucción del individuo. Por desgracia, esa tendencia analizada por Adorno se convirtió, con la llegada al poder del nazismo, en una dolorosa realidad.

1 de septiembre de 2016

La historia de la filosofía y la historia de la literatura

La historia de la filosofía y la historia de la literatura están confluyendo, encontrándose en la radicalidad de la crisis a la que asistimos como protagonistas. La inquietud filosófica ha dejado atrás el problema de existir y del conocer como etapas superadas y se abisma, aun sin quererlo, sin aceptarlo plenamente, en el extramundo del pensar. Desde que Nietzsche, trasvaluando todos los valores, tuvo la audacia de afirmar que “el arte vale más que la verdad”, tanto la realidad como el conocimiento se vieron desplazados a un plano menos decisivo en relación con el auténtico desarrollo del hombre. La creatividad literaria, por su parte, camina también con aire resuelto hacia una conciencia en la que ni el cosmos ni sus leyes, ni el realismo ni la verosimilitud, pueden condicionar o limitar la elaboración de sus criaturas más propias. Decir lo semejante ya no es objetivo suyo; de lo que ahora se trata es de dar el ser a lo que antes no era, de permitir que aparezcan las criaturas del pensamiento en un marco que, a lo lejos, vislumbra la libertad. El sentido de este proceso, sin embargo, no ha logrado todavía hacerse consciente ni entre los filósofos ni entre los literatos y sus críticos. El peso de lo establecido, la herencia de la tradición o, quizá, el peso de la realidad misma, han motivado que las interpretaciones se apoyasen siempre en una mirada hacia atrás; así, por ejemplo, la conclusión nietzscheana de que el arte vale más que la realidad, no dejó de ser tomada en el sentido de que, como método para acceder al conocimiento, el arte ofrece determinadas ventajas que la verdad no posee, o que el arte hace visibles zonas profundas de la realidad que la verdad no logra desvelar. En cuanto a la literatura, pese a que la distancia establecida con respecto a la realidad y su conocimiento es mucho mayor, las consideraciones conscientes hechas a su sentido no se han despegado tampoco del prejuicio realista y los esfuerzos por mantener firme el pretendido vínculo entre ambos planos, el cósmico y el de la creatividad pura, prosiguen sin debilitarse. Hoy, más que nunca, se pregunta reiteradamente: ¿Para qué la literatura?, descubriendo siempre en las intenciones del que interroga un dilema que pretende hacer extensivo a los demás: o la literatura tiene efectos reales o todo valor que pueda atribuírsele es ilusorio. Ahora bien, pese a que esta pregunta nunca le sigue respuesta alguna, la inquietud no cesa, ya que el ámbito en el que cobra sentido el arte literario es otro.

26 de agosto de 2016

El ocaso de Nietzsche

El día 25 de agosto se cumplieron 116 años de la muerte de uno de los pensadores más importantes: Friedrich Wilhelm Nietzsche. Su declive personal se inició el 3 de enero de 1998, en Turín. Nietzsche vio como un carretero golpeaba a su caballo en una plaza y, conmovido, se abrazó al cuello del animal mientras lloraba apenado sobre su crin. El patrón de la casa de huéspedes en la que se alojaba, lo encontró horas después tirado en el suelo de la plaza y lo llevó de vuelta a su habitación. Esa noche algo se quebró en su mente hasta entonces preclara, pues el filósofo y pensador se la pasó escribiendo cartas incoherentes. Una de las misivas iba dirigida a su amigo Jacob Burckhardt, que tras leer aquel texto incongruente se quedó tan preocupado que le pidió al músico Peter Gast que fuese a Turín a recoger a su amigo común y regresase con él a Basilea.

Los años que transcurrieron hasta su muerte, acaecida a causa de una neumonía el 25 de agosto de 1900, los pasó Nietzsche acurrucado en un rincón, en un estado de demencia psicótica, llegando a beber su propia orina. La sífilis le provocó una parálisis progresiva y recibió los cuidados, primero de su madre, y más tarde de su hermana Elisabeth. Los restos mortales de Nietzsche se inhumaron en la iglesia de Röcken.

No tuvo mucho reconocimiento en vida, pero el tiempo le ha concedido a Nietzsche el lugar que le corresponde como pensador. Su obra se ha hecho ya imprescindible por sus críticas a la religión, la cultura y la moralidad.

Monumento obra de Klaus F. Messerschmidt. Fue erigido con motivo del centenario de la muerte de Nietzsche junto a la iglesia de Röcken, no muy lejos de su tumba real.

1 de agosto de 2016

Filosofía y Literatura

La historia de la filosofía, en su conjunto, ha identificado razón y logos como si solo hubiera un modo correcto de pensar, el que se atiene a lo real y sus leyes, el que se mantiene en estricto paralelo con las manifestaciones del cosmos. La literatura no se mantuvo nunca fiel a tales pretensiones de lógica, pero le guardaba un cierto respeto que le hacía mantener las apariencias: la literatura debía ser realista o, al menos, verosímil. Para salirse de lo considerado como razonable era preciso acudir al personaje loco, al hombre a quien una especie de enfermedad, la demencia, le había liberado de las leyes naturales y le permitía pensar de otra manera. La nueva manera literaria, la de las últimas décadas, se caracteriza, sobre todo, por ese pensamiento liberado de lo razonable sin necesidad de recurrir a subterfugios, sin disfrazar de locura lo que es solo pensamiento puro, la mente por sí misma.

Nos encontramos, pues, desembocando en un nuevo estrato del conflicto que enfrenta lo real y la irrealidad y también la existencia y el ser, manifestado esta vez en el proceso seguido por la literatura, es decir, por el arte que se apoya en el lenguaje como su materia.

Todavía no hemos dejado de admirar la sagacidad de Aristóteles respecto al sentido y valor de la metáfora. El lenguaje presenta por medio de esta figura un salto cualitativo: el paso de un decir las cosas y sus manifestaciones a un hablar utilizando la semejanza para hacer comprensible algo que la realidad por sí misma no nos muestra. La filosofía más actual no cesa de volver sobre el tema, perdiéndose con frecuencia en taxonomías o en análisis que poco o nada aclaran acerca del verdadero alcance de ese momento en la evolución humana: el acceso a la metáfora permite al lenguaje liberarse un grado más del cosmos y de sus leyes y, en consecuencia, aproximarse al plano de lo irreal autocreado. Ya la palabra primera como símbolo de las cosas y de las acciones suponía un distanciamiento del mundo, pero sin la metáfora la lengua no pasaba de ser un duplicado abstracto de la realidad. Al adquirir el nivel metafórico, la palabra alude a un contenido que solo puede manifestarse en el hombre. El primer estadio del lenguaje, el previo a la utilización de la metáfora, nunca ha dado origen a obras que merezcan llamarse literarias. La literatura, por tanto, el arte construido mediante el lenguaje, no es realista, ni siquiera verdadero, sino creador. La calificación de realismo obedece, sobre todo, al intento de influir en la conducta humana, de dar a la obra un valor pedagógico directo, prejuzgando que solo la realidad pertenece al hombre. De ahí que los personajes caracterizados por su irrealismo fueran disfrazados de locura o de otras desviaciones que permitieran mantener la obra dentro de la lógica. El problema de fondo, sin embargo, quedaba intacto, pues la literatura no es un medio para conocer la realidad, para acercarnos al mundo, sino para permitirnos un distanciamiento.

1 de julio de 2016

El infierno según el Corán

¿El infierno es eterno? La respuesta que ofrece el Corán no es clara, pues deja la puerta abierta a dos posibilidades. Los fasik, los hombres de las cimas, creyentes pecadores, se salvarán tras la aspersión con el agua del río de la vida, con tal que tenga una fe aunque sea del tamaño de un grano de mostaza. Parece ser que ese es también el caso de los condenados de los pisos superiores.

La suerte de los infieles, sin embargo, es más problemática. Muchos pasajes del Corán afirman que para ellos será el infierno eterno y critican la opinión contraria de los judíos. Para los hipócritas, las penas no tendrán fin. Pero la noción de eternidad en la lengua árabe es bastante imprecisa. Así como se habla del paraíso como “morada de eternidad”: dar al-khuld, la eternidad del infierno se expresa como: ahqab, palabra que designa un periodo de setenta años. En el versículo 11, 107, se da pie a la esperanza: el infierno durará eternamente, mientras duren los cielos y la tierra, a menos que tu Señor disponga otra cosa. Tu Señor hace siempre lo que quiere.

A partir de aquí se han originado dos tradiciones: la rigorista, que mantiene la eternidad de lo suplicios y la que admite el final del infierno, pues considera que tanto el infierno como el paraíso son accidentes y no substancias y, por tanto, serán destruidos un día, lo mismo que cualquier otra realidad creada.

La posición del Islam respecto al infierno es más flexible que el cristianismo. Aquí no se ponen límites a la misericordia divina, que termina por prevalecer a la estricta justicia. El infierno musulmán no es un infierno total, ya que existe la esperanza. Los condenados imploran su salvación y, aunque el proceso sea lento, el recurso siempre es posible. Por tanto, es preferible ir al infierno musulmán que al cristiano, esa implacable y atroz máquina de triturar a los malvados que ha inventado el ingenio humano.