1 de marzo de 2012
El final de un tiempo de certezas
1 de febrero de 2012
Conciencia
1 de enero de 2012
Alejandro Magno
1 de diciembre de 2011
Ser religioso no significa ser bueno
1 de noviembre de 2011
El sentido de la vida
6 de octubre de 2011
Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford
1 de octubre de 2011
Encontrarle sentido a la vida
1 de septiembre de 2011
El factum. El hado
El factum, el hado, el sentido y el sentimiento o presentimiento de lo fatídico: Nada de lo que yo haga podrá cambiar las cosas de un destino que está escrito. Por mucho que haga. Y por esa razón inhibo o reduzco al mínimo esfuerzo mi acción, y eludo el cansancio de toda renovación. Es el anonadamiento pesimista, contrario a todo sentido del ser, la degradación y el desmerecimiento de la persona. La negación de la voluntad como potencialidad. Es una actitud que en el terreno personal abre las puertas a la depresión psíquica, y en el colectivo de los pueblos a todo género de esclavitud. De éste último viven los detestables imperialismos. Incluso los más aviesos, del signo cultural.
Huyamos de ellos como de nuestro peor enemigo, sin abandonar las únicas armas que los pueden combatir: la independencia de juicio, la crítica sagaz y la actividad creadora.
1 de agosto de 2011
Darwin no fue un hereje
La Iglesia católica no ha censurado a Darwin, si obviamos a Teilhard de Chardin, pero existen algunos grupos religiosos que defienden a ultranza el creacionismo y consideran que la historia de la creación que aparece en el Génesis es rigurosamente cierta y que los datos sobre la edad de la tierra, el origen de la vida, la diversidad de seres vivos y su evolución carecen de una base científica.Darwin ignoraba cuestiones que hoy son elementales cuando escribió en 1859 Sobre el origen de las especies por la selección natural. Desconocía los experimentos de Mendel con los guisantes de su jardín, no sabía qué era el ADN, su época no fue la de la ingeniería genética y aun así su teoría no ha sido desbancada, continúa siendo uno de los puntales de la ciencia. La evolución explica los fundamentos de los cambios biológicos, lo que Darwin denominó “descendencia con modificación” y se opone a las ideas hasta entonces imperantes de Linneo para demostrar que los seres vivos se modifican de forma accidental y progresiva a lo largo de los años.
Aunque Darwin haya pasado a la historia por haber sacudido los cimientos de la biología con su concepto de la evolución, su aportación mayor a la ciencia ha sido descubrir el mecanismo que posibilita la selección natural como respuesta a los cambios ambientales. Su teoría no pretende ofender los sentimientos religiosos de nadie, pese a negar la necesidad de un dios sobrenatural para explicar la Naturaleza y, sin embargo, a Darwin se le ha tachado de blasfemo y ateo y es que la ciencia y la teología chocan con demasiada frecuencia cuando quienes la defienden abogan por el integrismo.
1 de julio de 2011
Conocimientos

Hace muchos años, trabajé como vendedora en una librería de cinco plantas. Todo lo que abarcaba la vista eran libros con cubiertas tentadoras de brillantes colores: best-sellers, novela negra, libros de cocina, de medicina, manuales de derecho, historia, ingeniería… Un cliente podía pasarse horas mirando y luego marcharse sin haber comprado ni uno. Y, desde luego, el problema no era la variedad.
La librería es una mínima expresión de la sociedad mediática que nos abruma. En este paisaje, los libros ya no son los únicos protagonistas. El aluvión de datos que debemos asimilar proviene de periódicos y revistas, de la radio y la televisión, y eso sin mencionar la sobre estimulación de la capacidad humana para absorber información que supone Internet. Parece que son demasiados conocimientos. Se habla de la sociedad de la información. Cada cinco años se duplica nuestro saber, aseguran. Y cuesta abarcar incluso esta explicación.
Mientras se produce una explosión de contenidos, nosotros sabemos cada vez menos acerca de cómo dominarlos. Antes, al terminar el colegio, salías provisto de todo el bagaje cultural que ibas a necesitar durante el resto de tu vida (éste era el ideal). Los colegios de hoy, deben proporcionar un nivel de conocimiento con el que uno pueda orientarse cuando éste cambie.
Estrenamos el siglo XXI y nuestros conocimientos se asemejan a un océano donde el horizonte siempre es igual de lejano. Quien quiera descubrir una red infinita de referencias y relaciones tiene la oportunidad de hacerlo conectándose a Internet, aunque desde aquí resulta imposible vincular todo el conocimiento entre sí de manera que se conserve una visión de conjunto. En la inmensidad ilimitada del océano es fácil perder el rumbo y por eso hace falta disponer de una brújula.
Inundados de información, padecemos déficits de conocimiento. Esta combinación se define usualmente como “sabiduría de expertos” y lamenta la existencia de “idiotas especializados”. Una calificación injusta si tenemos en cuenta que nuestra sociedad precisa conocimientos específicos. De manera que no es censurable ser un especialista, el único problema es que no basta con esto. El saber específico no es saber cultural. Con éste no es posible comprender la propia cultura. El que lo sabe todo sobre el maíz transgénico o el diseño de páginas web no sabe sobre el concepto de arte o el nacimiento de las civilizaciones prehistóricas.
La selección de información que hacemos se forma con aquello que hemos decidido excluir. No es fácil escoger qué aprender. De cada información nacen nuevas conexiones que conformarán la parte del mundo que cada uno ha de descubrir por sí mismo.
1 de junio de 2011
El cartesianismo
El Dios de Descartes, frente a la mayoría de los dioses anteriores, no queda simbolizado por las cosas que ha creado; no se expresa en ellas. No existe ninguna analogía entre Dios y el mundo; no hay imagines y vestigia Dei in mundo. La única excepción la constituye nuestra alma, es decir, una mente pura, un ser, una sustancia cuya única esencia consiste en pensar, una mente dotada de una inteligencia capaz de captar la idea de Dios, esto es, del infinito (que es incluso innata) y de voluntad, es decir, de una libertad infinita. El Dios cartesiano nos suministra algunas ideas claras y distintas que nos permiten hallar la verdad, suponiendo que nos atengamos a ellas y nos cuidemos de caer en el error. El cartesianismo es un Dios veraz; por tanto, el conocimiento acerca del mundo creado por Él, que nuestras ideas claras y distintas nos permiten alcanzar, es un conocimiento verdadero y auténtico. Por lo que respecta a este mundo, Él lo ha creado por su pura voluntad y, aun cuando tuviese alguna razón para hacerlo, tales razones sólo las conoce Él. Nosotros no tenemos ni podemos tener la menos idea sobre ellas. Por tanto, no sólo es inútil, sino también absurdo tratar de descubrir sus propósitos. Las explicaciones e ideas teleológicas no tienen lugar ni valor en la ciencia física, del mismo modo que no tienen lugar ni sentido en matemáticas, tanto más cuanto que el mundo creado por el Dios de Descartes, es decir, el mundo de Descartes, no es en absoluto el mundo multiforme, lleno de colorido y cualitativamente determinado del aristotélico, el mundo de nuestra experiencia y vidas diarias (tal mundo no es más que un mundo subjetivo de opiniones inestables e inconsistentes basadas en el infiel testimonio de la confusa y errónea percepción sensible), sino un mundo matemático estrictamente uniforme, un mundo de geometría hecha realidad sobre el que nuestras ideas claras y distintas nos proporcionan un conocimiento cierto y evidente. En este mundo no hay más que materia y movimiento; o, siendo la materia idéntica al espacio o extensión, no hay más que extensión y movimiento.1 de mayo de 2011
El mundo es un teatro

Toda filosofía comienza por crear inseguridad. Alguien dice: lo que tomáis como verdad es un absurdo, no es más que un montón de prejuicios fruto de vuestros deseos y de vuestra estrechez de miras.
Para el filósofo el mundo es como un teatro, pero, para él, la obra que se interpreta en el escenario es una ilusión que sólo los espectadores ingenuos toman por una realidad; el filósofo se interesa por lo que pasa detrás del escenario, por el lugar desde el que se dirige la obra. En una palabra, mira por debajo de la falda de la realidad en busca de la verdad desnuda porque su objetivo es explicarla.





