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Jodidos pero contentos

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La soledad, la precariedad laboral, la inseguridad, la inestabilidad, la vulnerabilidad de saberse a merced de otros, sentir que tu vida no es tuya, que alguien la controla… La enfermedad mental como consecuencia de tanta presión externa, el miedo al futuro, la libertad como fantasía irrealizable, la independencia cada vez más lejana e imposible… 
La sociedad contemporánea es una máquina que tritura destinos y tuerce voluntades. La vida se nos escapa entre los dedos, escurridiza y fútil. Estamos en manos de no sabemos quién. Antes pensábamos que era un dios bueno y misericordioso quien conducía nuestro destino. Ahora cualquiera puede convertirse en nuestro dios omnipotente, ese ser que decida si trabajamos o no, si llegamos a fin de mes o no, si alguno de nuestros planes se cumplirá o todos serán humo.
A lo único a que podemos aspirar esa soportar este descontrol. Las nuevas filosofías vitales nos instan a cambiar. Ya que es imposible modificar las circunstancias que nos gobiernan, lo m…

Pensamiento único

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Por la calle pasaba gente con pancartas y envuelta en banderas. Gritaban consignas con gesto airado. Me detuve. Sentí lástima al verlos. Me hubiera gustado poder contener su fanatismo, pero sabía que nadie me escucharía.
Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable.
Lo más probable es que alguien me insultara por rebatir sus absurdos lemas.
El agravio es la razón de los que no tienen razón.
Cuidadito con los ofendidos, me dije, al contrario que los fanáticos, los ofendidos gustan del victimismo y me considerarían una disidente, me convertirían a mí en agresora o me acusarían de pensar por cuenta propia.
Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten el derecho a hacer lo mismo.
Los fanáticos y los ofendidos son dados a pensar por cuenta ajena, a defender todo lo que cabe en una bandera o en un credo con rango de fe, una verdad indubitable, aunque se asiente sobre unas cuantas mentiras.
Decimos una necedad y, a fuerza de repetirla, acabamos creyéndol…

Y el hombre perdió su alma

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En el siglo XIX, el alma inmortal y racional fue relevada de forma imperceptible por dos instancias: el intelecto, al que se atribuyó la desagradable cualidad de la frialdad; y el carácter, que, frente a la inestabilidad del sentimiento, presentaba la cualidad moral positiva de ser firme y de regirse por normas, deberes y principios. Como el sentimiento era espontáneo y no siempre podía controlarse, esta espontaneidad se convirtió en el signo de autenticidad y en la garantía de su calidad. Y cuando afloraban impulsos oscuros que inspiraban desconfianza, se interpretaban como señal de un mal carácter y se echaba la culpa a la persona. De este modo se daba por supuesto que el individuo era dueño de sí mismo y que era capaz de controlar sus sentimientos y su psique. Vicios, debilidades, obsesiones o adicciones como el alcoholismo, eran censurados moralmente. Se suponía que todos eran libres de elegir lo que debían hacer, que sólo se requería tener fuerza de voluntad; y quien no lo hicier…

Analfabetos

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Analfabetos ilustrados esto es lo que somos. El conocimiento es hoy accesible para la mayoría, existe una educación pública y la información está al alcance de cualquiera. Todos podemos formarnos, aprender, saber. Sin embargo, no somos capaces de sacarle provecho a estos conocimientos.
Existe una sociedad informada, educada y analfabeta porque nuestros saberes y capacidades se hallan desconectados. Ignoramos cómo transformar el conocimiento para que se convierta en un proceso de emancipación personal y de transformación social. Delegamos en otras personas para que tomen decisiones y piensen. Esto nos convierte en seres dependientes, algo sumamente peligroso.
La sociedad somos nosotros. Los bienes que nos ofrece el Estado los producimos nosotros. Los derechos son nuestras conquistas.

Talento: innato o adquirido

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Uno puede conocer la técnica creativa, pero si carece de talento y de esa sensibilidad especial que debe tener todo artista que se precie, nada puede hacerse.
¿El talento se tiene o se adquiere, es algo innato o puede aprenderse? No sé responder a estas cuestiones. Quizás el arte de la creación sea un don que pocos poseen. Acaso cualquiera que se lo proponga es capaz de producir belleza.
Mi opinión personal es que sin técnica no existe el arte, lo bello ha de ajustarse a ciertos cánones dirigidos a conquistar la sensibilidad de los otros. ¿Pero cómo se consigue tocar la fibra sensible que todos llevamos dentro? Inextricable misterio. Por eso, cada artista tiene su público fiel y sus detractores crueles. Lo que para unos es belleza exquisita, para otros es afrentante fealdad. Y es que el ARTE se encuentra en los ojos del que mira.

El gilipollas de Schrödinger

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Con el fin de mostrar lo paradójico y desconcertanteque resulta el mundo cuántico, el científico austríaco Erwin Schrödinger planteó en 1935 un experimento imaginario, conocido como la paradoja del gato de Schröringer.
El supuesto era el siguiente: dentro de una caja cerrada y opaca hay un gato, una botella con gas venenoso y un dispositivo con una partícula radiactiva que tiene un 50 % de posibilidades de descomponerse. Si esta partícula llega a desintegrase, el veneno quedaría liberado y el gato moriría. En consecuencia, la probabilidad de que el gato esté vivo son las mismas de que esté muerto. La única manera de averiguarlo es abriendo la caja. Hasta el momento de abrir la caja, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo.
Lo que Schrödinger no sabía es que su experimento seguiría vigente en el siglo XXI, pero con otro significado.
«El gilipollas de Schrödinger» es esa persona que hace comentarios o chistes sexistas, racistas, intolerantes o fuera de tono y solo afirma que habla en s…

Una buena religión

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Los ipsitarianos fueron un movimiento religioso. Sabemos de ellos por una carta que Goethe escribió a Sulpice Boissière. Goethe no se adhirió nunca a esta confesión religiosa, ninguna acababa de convencerle del todo, pero un día oyó hablar de los ipsitarianos, cuyo principio de fe era simple: “Se declaraban dispuestos a querer, admirar, venerar todo aquello que de excelente y perfecto llegase a su conocimiento”, dice Goethe. Su credo era la admiración y su culto consistía en conmoverse ante las cosas elevadas, en embriagarse de belleza, por eso Goethe los adoptó inmediatamente como hermanos espirituales. El descubrimiento “hizo brotar para mí de una época oscura un rayo de alegría, porque sentí que durante toda mi vida me había esforzado por comportarme como un ipsitariano”, manifiesta Goethe.
A mí también me parece una buena religión. Lástima no haberla conocido hasta ahora.