Orígenes del escepticismo

Escepticismo significa indagación y su objetivo, de conformidad con la orientación general de la filosofía postaristotélica, es la consecución de la felicidad como ataraxia.

El escepticismo niega cualquier doctrina determinada, en una indagación que ponga de relieve la inconsistencia de cualquier postura teórico-práctica, considera engañosas a todas y se abstiene de aceptar alguna. Por eso se aplica en refutar los diversos puntos de vista, y ha desempeñado un cometido histórico importante, apartando a las escuelas filosóficas contemporáneas de su estancamiento dogmático y estimulándolas constantemente a la indagación de los fundamentos de sus postulados.

El fundador de la escuela escéptica fue Pirrón, esta escuela no duró mucho, pero la orientación escéptica fue reemprendida por los filósofos de la Academia, que encontraron en su fundamento la esencia de la doctrina platónica. De hecho, Platón sostuvo que no puede haber ciencia del mundo sensible y los escépticos se quedaron únicamente con la parte negativa de su doctrina, la que niega la validez de ciencia al conocimiento del mundo sensible y reduce dicho conocimiento a una mera opinión.

Entre los grandes nombres del escepticismo clásico se encuentra Carneades de Cirene, considerado fundador de la tercera Academia. Afirmó que saber es imposible y que ninguna aseveración es verdaderamente indudable. Negó que el sentido o la razón puedan servir como criterios de verdad. Para demostrar sus ideas, pronunció en Roma un persuasivo discurso de alabanza a la justicia en el que demostró que es la base de la vida civil. Pero otro día pronunció un nuevo discurso, más convincente aún que éste, evidenciando que la justicia es diferente según los tiempos y los pueblos y que en muchas ocasiones está en contradicción con la prudencia. Echó por tierra la teoría de que con la dialéctica se puede distinguir lo verdadero de lo falso. Y llegó a la conclusión de que la verdad se juzga de un modo subjetivo y por tal motivo sólo puede ser creíble lo que es probable, aquello que tiene mayor grado de probabilidad.

Enesidemo admitió 10 modos (tropos) para llegar a la suspensión del juicio. Según sus argumentos, si las sensaciones son diversas para los diversos hombres o en diferentes circunstancias, no se puede distinguir entre la verdadera y la falsa. Si los objetos parecen diferentes según se presenten mezclados o sencillos, en mayor o menor número o según se presenten aislados o en relación, o raramente o con frecuencia al hombre, ¿cómo se decidirá cuál es la auténtica realidad del objeto? Incluso la diversidad de creencias y opiniones humanas es tal que hace imposible decidirse por una o por otra.

La aportación más importante a la filosofía hecha por los escépticos es la suspensión del juicio, basándose en los siguientes enunciados: Puesto que la disparidad de opiniones entre los filósofos impide escoger entre ellos. Puesto que toda prueba parte de principios que a su vez exigen una prueba, y así hasta el infinito. Puesto que nosotros conocemos un objeto en relación con nosotros, no como es en sí mismo. Y puesto que toda demostración se funda en principios que no se demuestran, sino que se admiten por convención, llegamos al círculo vicioso (dialelismo) por el cual se supone demostrado precisamente aquello que debe demostrarse: lo que demuestra la imposibilidad de demostración.

Los últimos escépticos antiguos florecieron durante el último siglo antes de Cristo y hasta el siglo II después de Cristo. Toda su filosofía se recopila en la obra de Sexto Empírico: “Los elementos pirronianos” y “Contra los matemáticos”. Esta obra es importante no sólo porque representa un compendio de todo el escepticismo antiguo, sino porque permite conocer con más profundidad las doctrinas que critica.

Si Sócrates afirmaba que el hombre no podía saber, de ahí el no saber nada, los escépticos obvian esta afirmación y siguen buscando. Porque quizá éste sea el ideal de la investigación: la búsqueda, sin punto de partida ni meta de llegada.