Preguntas. Preguntas

¿Por qué el hombre se hace preguntas? ¿Por qué, además, hace preguntas chorras?

¿Por qué la madera flota? ¿Por qué hace frío en invierno? ¿Por qué moja el agua? ¿Por qué pinchan las agujas? ¿Por qué el día es día? ¿Por qué no se cae el sol? ¿Por qué detrás del cuatro viene el cinco? ¿Por qué Paracelso se llamaba Paracelso?

La mayoría de las preguntas son inútiles, ya que carecen de respuesta o la respuesta va incluida en la respuesta. Obviamente, la mitad de las explicaciones son meras tautologías. ¿Por qué pican las ortigas? Porque sus hojas poseen elementos urticantes. Esta definición tan jocosa y aclaratoria aparece en un libro de botánica. Y hablando de naturaleza: os voy a explicar cómo se averigua el sexo de las ranas, por si alguna vez os resulta útil. Basta frotar el vientre del animal con una mixtura de yodo y vino blanco; conviene hacerlo con movimientos circulares, primero lentos, luego más rápidos; pasados tres minutos, si el animal se ha puesto nervioso, es una rana macho; si se ha puesto nerviosa, se trata de una rana hembra.

Alguien agudo que me lea, se preguntará: ¿y la otra mitad de las explicaciones, las que no son tautológicas? Cuando yo estudiaba Historia del Arte le oír explicar al profesor que El Greco pintaba sus figuras tan estilizadas porque padecía un defecto en la vista que le hacía ver todo achaparrado y, en su deseo de corregir este defecto, se pasó de rosca. Creo que nadie sabe a ciencia cierta por qué El Greco pintaba sus figuras deformes, pero el hombre tiene la extraña manía de buscar siempre respuestas y complicarlo todo.

El hombre es un ser complicado y su proceso evolutivo consiste en una complejidad creciente. La vida es una complicación de la materia y el pensamiento una complicación de la vida. Nos encanta rizar el rizo, buscarle tres pies al gato. Hemos inventado los verbos irregulares, los pleonasmos, las aceitunas aliñadas con aceite de oliva, el gótico flamígero. Combatimos el efecto de las pastillas sedantes con pastillas estimulantes, y a la inversa.

El hombre ama la complicación. El hombre es complicado. Pese a ello, hay hombres que terminan por reconocer que la verdad es simple, pero sostienen que el único método seguro para llegar a ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso y complicado razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Con lo fácil que era aceptarlo, sin más.