Definir el arte

Si hay algo de cierto es que la Literatura, el arte, no se puede definir. Únicamente podemos describir sus actividades, enumerar sus obras, decir que desbarata las leyes de la lógica. Pertenece al número de cosas que se resisten tenazmente a ser definidas. ¿Cómo definir el duende de Sevilla? Sólo cabe decir que la Torre del Oro tiene duende, y el rostro de la Macarena, y una tarde de abril en Triana, y el aire embalsamado de la plaza de Santa Cruz. Eso es todo. Ahora definamos el duende. Pues lo mismo el arte.

Hacer crítica de poesía no es poético, ni tampoco lo es guerrear, lo poético es escribir la Ilíada. En otras palabras, el arte no está en el análisis, que es posterior, ni en la emoción, que es la consecuencia. La poesía está en el poema. ¿Sólo ahí? Ya se sabe que la poesía está fundamentalmente en el aire y en la tierra, en el agua y en el fuego, en las calles llovidas, en los ojos de la amada; pues así también el arte desborda indeciblemente eso que llamamos poesía, literatura.

El arte no sólo rehuye toda definición, sino que acaba poniendo en ridículo a quienes intentan definirlo. Por eso yo intento definirlo por vía negativa, que es la única manera de definir las cosas indefinibles.