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Mostrando entradas de marzo, 2005

Practiquemos la espeleología

Os invito a que practiquéis alguna vez esta clase de deporte, muy relacionado con la espeleología. Se trata de ahondar en la propia conciencia. Primero hallaremos el estrato de nuestros actos más recientes, luego otros actos inmediatamente anteriores que influyeron en éstos, después las intenciones que de forma directa los inspiraron. Sigamos descendiendo. Enseguida descubriremos que por debajo de dichas intenciones había otras más profundas que en cierto modo quedaban enmascaradas. ¿Las reconocéis como vuestras? Aunque pasaron inadvertidas a la hora de actuar, no por eso dejaron de influir en nuestra conducta. Si no se hicieron presentes a nivel de conciencia fue porque estaban más arraigadas y mejor asimiladas que aquellas otras razones superficiales que aparentemente nos movían. Enfoquemos ahora la linterna hacia esa zona del alma nunca visitada. Continuemos bajando. Cada estrato geológico significa un juicio de valor sobre el anterior. Pero he aquí que en cierto momento, inevitabl…

Dilema

Si los hombres son buenos, entonces las leyes para el control de armas no son necesarias; y si los hombres son malos, las leyes para el control de armas no serán eficaces. Por consiguiente, las leyes para el control de armas, o bien no son necesarias, o no son eficaces.

Descartes

Descartes era un hombre complicado. Los hombres son complicados. Ciertamente, hay quienes terminan por reconocer que la verdad es simple, pero siguen sosteniendo que el único método seguro para llegar hasta ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Casi al final, minutos antes de expiar o de acceder al plano del humor, creo que aún no daba su brazo a torcer: ha valido la pena, decía, filosofar toda la vida para convencerse de que filosofar toda la vida no valía la pena. Efectivamente, un largo viaje de Madrid a Barcelona pasando por Caracas.