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Mostrando entradas de mayo, 2005

El hombre es bueno

La teoría naturalista de Rousseau de que "el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe", surgió en el siglo XVIII a tenor de unas circunstancias culturales y políticas concretas que se vivían en la época y en las que se intentaba combinar el imperativo kantiano con la inclinación natural: "la personalidad libre debe desarrollarse", fue una de las máximas vigentes en aquel tiempo. Todo ser se reduce a una fuerza espiritual eterna (el yo) que se desenvuelve libremente en los actos subjetivos y en la cual el hombre puede elevarse espiritualmente.
De estas ideas, del liberalismo basado en el "Contrato social" de Rousseau, del derecho natural que propugnaban los ilustrados Locke y Montesquieu y afirmaba la Revolución Francesa, surge la confianza en el progreso de la razón, se promueven las libertades individuales, la igualdad jurídica, el estado constitucional, la libertad económica, los derechos de la mayoría, el sufragio universal, la …

Dios

Parece inevitable que de una mente humana surja un concepto de Dios más o menos antropomórfico. Por eso, a toda teología se le podría hacer en cierto modo el reproche que se le hizo a la teología jansenista: aplicar la lógica humana a las cosas divinas. Si un tren tarda seis horas y media en ir de Madrid a Barcelona, ¿cuánto tiempo tardarán dos trenes en hacer el mismo recorrido? Muchos teólogos incurren en el error de aplicar indebidamente la regla de tres.

A la hora de componer una imagen de Dios, el hombre se apresura a atribuirle las mejores cualidades que están a su alcance, tales como bondad, poder, justicia. En cambio, nunca dirá de Él que tiene cuernos, ni rabo, ni pezuñas, ni siquiera cuerpo, ya que estas cosas arguyen imperfección. Lo que sí debe tener Dios, ante todo y sobre todo, es inteligencia. ¿Por qué? Porque la inteligencia constituye la facultad más importante, la más excelsa, para un ser que a sí mismo se tiene por inteligente. El hombre piensa, Dios piensa. Claro es…