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Mostrando entradas de enero, 2006

Objetividad

La objetividad es siempre deseable, aunque desgraciadamente es imposible. Inmersos en un mundo cuya naturaleza profunda se nos escapa, tributarios de nuestros sentidos, que a veces nos suministran informaciones de dudosa fiabilidad, como ya observó Descartes con el ejemplo del palo que parece doblarse cuando se introduce en el agua, o el de las filas de casas que parecen juntarse al final de la calle, prisioneros de la estructura de nuestro cerebro y de las categorías de nuestra inteligencia; formados o deformados por el medio ambiente, la educación, las plurales influencias que recibimos con harta frecuencia, sin que nos demos ni cuenta, sobre nuestro juicio, a lo que se añade nuestra propensión a pintar las cosas del color que más nos conviene y a no ver en ellas más que lo que nos gusta, todo viene a demostrar que la objetividad es un ideal inaccesible o, dicho más prosaicamente, una ilusión más. En resumen, es tan imposible tener una visión objetiva del mundo como que un pez salga…

Mártires de la Filosofía

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La Filosofía siempre se ha opuesto a la religión, a esas revelaciones con ínfulas de verdad absoluta. Los ateos se han considerado desde antiguo rebeldes que intentan luchar, armados con la razón, contra las mordazas y las tinieblas. Por eso los ateos han sido clandestinos en unos tiempos en los que la libertad de expresión era aún una peligrosa utopía y, sin embargo, se atrevieron a servirse de su juicio individual y a favor del pensamiento libre.
La primera “mártir” de la Filosofía de que tengo noticia es Hipatia de Alejandría, que en el año 415 fue asesinada por un grupo de monjes. La apalearon hasta la muerte y la arrastraron a la iglesia principal de Alejandría, donde descuartizaron su cuerpo usando unas tejas afiladas. El obispo Cirilo, enojado porque esta mujer difundía las enseñanzas de los griegos, contrarias a los dogmas de la doctrina verdadera, elogió esta conducta ante sus feligreses porque se realizó en nombre de Dios y de la fe cristiana, y la multitud le aclamó como hom…