Individual y colectivo

Puesto que el tema que me propongo desarrollar daría para varios y prolijos tratados, intentaré resumir muy sucintamente mis ideas sobre la doble identidad del hombre y los conflictos que esto propicia.

Cada individuo es una entidad bio-psico-social única, dotado de una personalidad propia y dinámica que se halla en constante evolución.

Consciente de sus limitaciones, el hombre ha establecido estructuras organizadas mediante relaciones con otros individuos, a los que se une para ejecutar tareas que le permiten el logro de sus objetivos.

Como individuo social que es, el hombre interacciona con otros miembros de la sociedad con los que trata mediante relaciones de afecto, sexo, odio, agresividad, altruismo, solidaridad, obediencia, conformidad... Y asume reglas, modelos de comunicación, roles de status, liderazgo...

Los miembros de un grupo social comparten un conjunto de objetivos, valores y creencias comunes encaminados a alcanzar unos fines determinados por el propio grupo, que se dota de normas o pautas de conducta que rigen tanto la conducta externa como la interna de sus miembros.

Cuanto más grande es el grupo social, más específica es la estructura de roles: conducta que se espera que desempeñe cada integrante del grupo dentro del mismo.

Aun integrado en un grupo y asumiendo sus tareas grupales, el hombre sigue intentando satisfacer sus necesidades individuales y he aquí una fuente constante de conflicto, porque el hombre desea pertenecer a un grupo que le respalde, pero sin renunciar a ser él mismo. Algo difícil de lograr, porque cada persona sufre una gran transformación individual al integrase en un grupo. Dicha transformación genera malestar ya que fuerza a renunciar a importantes parcelas personales en beneficio del grupo.

Hablaba de que el individuo se halla en constante evolución, pues bien, la sociedad se encuentra en perpetuo desarrollo, origen de tensiones entre lo viejo y lo nuevo cuando las relaciones establecidas ya no resultan adecuadas. Se produce entonces un “movimiento” provocado por algún sector de la sociedad que tiende a atraer a ciertos colectivos de la misma para que se produzca un cambio social.

Los movimientos representan o defienden valores y realidades universales –o pretendidamente universales-. Las razones que los movimientos sociales aducen son: el bien común, la libertad humana, el bienestar colectivo, los derechos del hombre, la salud de todos, la supervivencia de la naturaleza, etc.

El error de cada movimiento social surgido hasta la fecha ha sido defender los intereses del grupo, hablar por el grupo, dejando de lado la satisfacción del individuo, sin la cual ninguna sociedad será “perfecta”, exigiéndole unos sacrificios y obligándole a cambiar individualmente para mejorar el grupo.

Los movimientos se aglutinan alrededor de un líder, que, incapaz de mover a todos hacia su “noble” causa, acaba ejerciendo una presión para forzar el cambio que preconiza mediante publicidad, propaganda, proselitismo o incluso amenazas.

El último gran movimiento social fue el auspiciado por la doctrina comunista, que habría de liberar al hombre de una vez por todas de los yugos que le oprimían.

No pudo implantarse sino por la fuerza, mediante la revolución bolchevique. El sueño politizado no satisfizo al individuo ni a la sociedad, los ciudadanos se convirtieron en súbditos y el proyecto se zanjó con 20 millones de muertos.

Un paseo por la Historia de la humanidad basta para ver lo evidente, el hombre no sabe conjugar su existencia individual con su existencia grupal.

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