Dios está en el cerebro

Una nueva ciencia ha nacido: la neuroteología, que estudia, nada más y nada menos, que los fundamentos neuronales de la experiencia espiritual. Resumiendo: Dios vive en la sinapsis.

El neurobiólogo y catedrático de Fisiología, Francisco J. Rubia, afirma en su libro La conexión divina. La experiencia mística y la neurobiología: “Puedes creer que Dios es una proyección del cerebro humano, pero también creer que Dios puso en el cerebro humano estructuras que nos permitieran conocerle”. Una aseveración que complacerá tanto a los ateos como a los creyentes, pues no se puede determinar por ahora si fue Dios el que creó el cerebro o al revés, aunque sí es posible aseverar que toda experiencia espiritual tiene una base cerebral.

Un estímulo en el lóbulo temporal derecho y la suspensión de actividad en el lóbulo parietal izquierdo provocan el éxtasis místico, esa experiencia en la que el tiempo se detiene, el yo se funde en un todo de naturaleza superior y una luz blanca produce la sensación de estar volando o levitando.

Casos como los éxtasis de santa Teresa de Jesús, estaban inducidos por una epilepsia del lóbulo temporal derecho, algo que se corresponde con el síndrome de Gastaut-Geschwind, también cabe aplicar el mismo diagnóstico a san Pablo, que veía luces cegadoras. Pero el éxtasis místico no es una patología sino una función más del sistema límbico del cerebro. Las visiones son tan reales para la persona que las sufre que las comunica con gran fuerza de convicción e incluso logra convencer a los demás.

Se han realizado pruebas en las que se estimuló magnéticamente el lóbulo temporal derecho de mil personas, unos dijeron haber sentido la presencia de Jesús, la Virgen, Mahoma…, según fuera su trasfondo cultural. Incluso hubo ateos y agnósticos que hablaron de abducciones por alienígenas. Así se explican también las sensaciones del cerebro al morir, el trance es similar al éxtasis místico, hay anoxia (falta de oxigeno) y las neuronas quedan desinhibidas al no funcionar las interneuronas, así se excita la corteza visual y se tiene la sensación de avanzar por un túnel hacia una luz que brilla al final del mismo. Este estrés emocional induce al hipotálamo a repasar rápidamente su memoria episódica, por eso suelen verse escenas de la propia vida.

El hombre será siempre un ser espiritual porque la sensación de trascendencia y de unicidad es una más de las sensaciones humanas que desarrolla el cerebro.

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