Prohibida la inteligencia

Dios prohíbe a la primera pareja probar el fruto del árbol del conocimiento. Es evidente que nos hallamos en el campo de la metáfora. Hacen falta los padres de la Iglesia para sexualizar la historia, ya que el texto es bien claro: comer de este fruto hace abrir los ojos y permite distinguir el bien del mal; por tanto, permite ser semejante a Dios. Un versículo habla de un árbol “deseable para adquirir la inteligencia” (III, 6). Hacer caso omiso del dictado de Dios es preferir el saber a la obediencia, querer conocer en lugar de someterse. Dicho de otra manera, optar por la filosofía contra la religión.

¿Qué significa esta prohibición de la inteligencia? En este jardín magnífico se puede hacer cualquier cosa menos volverse inteligente (árbol del conocimiento) ni inmortal (árbol de la vida). Así pues, qué destino reserva Dios a los hombres: ¿la imbecilidad y la mortalidad? Hay que imaginar un Dios perverso para hacer un regalo semejante a sus criaturas. Entonces, damos las gracias a Eva por haber optado por la inteligencia pagando el precio de la muerte cuando Adán aún no había entendido lo que estaba en juego para continuar en aquel mundo paradisíaco: la eterna felicidad de imbécil feliz.

¿Qué descubren estos dos desgraciados una vez Eva ha mordido el fruto sublime? La realidad. La realidad y más: la desnudez, su parte natural, pero también, a partir de la reciente adquisición del saber, su parte cultural, como mínimo sus potencialidades por medio de la confección de un taparrabos hecho con hojas de higuera (y no de parra). Y todavía más: la dureza de la vida diaria, el trágico destino que nos aguarda a todos, la brutalidad de la diferencia sexual, el abismo que separa al hombre de la mujer, la imposibilidad de evitar el trabajo penoso, la maternidad dolorosa y el imperio de la muerte. Una vez emancipados, y para evitar el añadido de la trasgresión que permite acceder a la vida eterna (porque el árbol de la vida se encuentra junto al del conocimiento), el Dios uno, verdaderamente bueno, dulce, amoroso, generoso, expulsa a Adán y Eva del paraíso. Y así hasta ahora.


Lección numero uno: si se rechaza la ilusión de la fe, el consuelo de Dios y las fábulas de la religión, si se prefiere saber y optar por el conocimiento y la inteligencia, entonces la realidad se nos aparece tal como es: trágica. Pero vale más una verdad que desespera enseguida y permite no perder por completo la vida colocándola bajo el signo de la muerte que no una historia que, de momento, consuela, es cierto, pero que ignora el único bien verdadero que tenemos: la vida aquí y ahora.

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