Nace la Filosofía

Hacia la mitad del primer milenio antes de nuestra era aparecieron en lugares geográficamente distantes una serie de hombres eminentes, que pusieron las primeras piedras de lo que conocemos como Filosofía. Confucio en China, Buda en la India, Zaratustra en Persia, Ezequiel en Israel. Luego, con la decadencia de los etruscos, Roma se convertiría en la gran potencia del mundo Mediterráneo, mientras que en Grecia se despertaba la inquietud artística, literaria y especulativa y en las colonias jonias de Asia Menor florecían los primeros físicos o pensadores como Tales y Anaximandro en Mileto. Es también el tiempo de una nueva religión: el orfismo, que se extendía por Grecia. A través de la figura legendaria de Orfeo, músico, sacerdote y cantor, la nueva creencia introdujo el culto a Dionisio, el dios de la pasión y del entusiasmo, el hijo de Zeus y Perséfone, que, según el mito, fue descuartizado por los Titanes y retornado a la vida por su padre. A partir de esta leyenda, en la espiritualizada forma atribuida a Orfeo, sus seguidores forjaron una teoría dogmática sobre el alma y sobre el más allá que profesaba la preexistencia del alma, el dualismo antropológico y la tradicional noción de una caída original del alma en un cuerpo mortal como consecuencia de alguna falta. Esta doctrina volvió a aparecer más tarde, con Pitágoras y Platón, pero vinculada al neoplatonismo la encontraremos en todo el pensamiento occidental. Este momento histórico, señala el tránsito de la antigua edad mítica a la constitución de las categorías fundamentales y hoy todavía tiene vigencia en el ámbito del pensamiento y de las religiones.

“Los griegos crearon las raíces de los que nosotros denominamos el pensamiento. Ellos descubrieron el alma humana y el espíritu humano. A ellos se deben los fundamentos de una nueva concepción que el hombre tiene de sí mismo. Este proceso de descubrimiento de lo espiritual se hace vidente en la historia de la poesía y de la filosofía a partir de Homero. La epopeya, la lírica, el drama, los intentos de captar de manera racional la naturaleza y la esencia humana, son las etapas de este camino”, explica Bruno Snell. Sin embargo, habría que revisar este criterio tan extendido de atribuir a los griegos en exclusiva la práctica de la filosofía, porque al menos en China e India esta práctica adquiere forma de orientaciones morales y de concepción del universo. En China existe un interés moral, una tradición sapiencial destinada a mostrar el camino o Tao fijado por los antepasados y que servirá para generaciones futuras para responder a la pregunta: ¿cómo debemos vivir? En India, donde el gran tema gira entorno al acosmismo, con la idea de que el sabio ha de hacer lo que pueda para liberar al mundo, encontramos también una curiosidad por el sentido de la vida y el misterio del alma. Contestar a cualquiera de estas preguntas implica un determinado grado de reflexión. Ahora bien, si entendemos la filosofía como una exposición sistemática de la realidad, como una reflexión basada en conceptos y razonamientos deductivos a partir de unas premisas generales, entonces sí que podemos adjudicarle la invención de la filosofía a los griegos. Su filosofía se articuló como una ciencia a la búsqueda de los fundamentos del saber humano, buscando un punto de vista universal para intentar conocer correctamente el conjunto de lo real, y así surgieron la lógica, la ciencia, el arte, la política y la teología natural, también la noción filosófica de Dios. Sophia es pues una concepción griega.

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