La búsqueda interior

En la puerta del templo dedicado a Apolo, en la ciudad de Delfos, figuraba una inscripción atribuida a Tales, que rezaba lo siguiente: Gnothi seautón (conócete a ti mismo). Sócrates, siguiendo esta exhortación, se dedicó a interrogar a la gente intentando averiguar si sabían por qué vivían. El resultado fue muy decepcionante. Políticos, poetas y artesanos lo convencieron a contrario sensu de que únicamente Dios es sabio. Los hombres, desconocedores de su esencia, tal vez no son malos voluntariamente, pero casi siempre eligen lo irrelevante y menos elevado; los bienes externos, antes que el cuidado y la mejora de sus almas; así se convierten en malos y, a un tiempo, en desgraciados. Su misión, pensó Sócrates, es llevar a sus compatriotas a una actividad meditada y consciente que los haga hombres de verdad, con una personalidad basada en sí mismo y llena de un contenido que dé significado a la vida. Éste es el “servicio al Dios” que, como era de esperar, le reportó una auténtica legión de enemigos.

La apelación al interior del hombre, a la abismal infinidad del alma, señala el descubrimiento del individuo, el ámbito misterioso de la intimidad humana, que Sócrates procura conciliar con la experiencia de la polis. Cuando invita a los atenienses a volverse sobre ellos mismos y a abrirse al diálogo, está pidiendo a cada individuo que lleve a término la experiencia transpersonal fundamentadora de toda comunicación. Ahora bien, al buscar una verdad destinada a la mejora moral, Sócrates encuentra, primero, un criterio general de convivencia, al vivir justa y rectamente, y dos indicaciones teóricas, el razonamiento inductivo y la definición. Encontrar una verdad general que se pueda decir una vez y para todos, el concepto, pide investigar primero las verdades particulares, algo que remite a la pluralidad de las esencias intuidas en los valores de cada acción. La multiplicidad de los aspectos concretos de la realidad puede reunirse en unos tipos que unifiquen el ámbito plural, que ordenen el mundo conservando la pluralidad del campo de la apariencia. Susceptibles de definición, son fundamentales para la vida moral así como para el conocimiento teórico y permiten dar al hombre su lugar genuino en el mundo real.

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