Conformismo

El hombre actual padece un exceso de conformismo. ¿Estamos perdiendo la identidad individual? ¿Está convirtiéndose el individuo, en mayor o menor grado, en un ser “manejado” por otros? ¿Acaso estamos tan preocupados por lo que piensan los demás, que no permitimos que se desarrolle realmente nuestra personalidad individual?

No sé en qué se está convirtiendo el hombre, pero me parece que es una situación universal y eterna, que siempre existe un conflicto entre el deseo del individuo de actuar libremente, sin preocuparse de nadie más, y la necesidad de tomar en cuenta a los otros que él mismo reconoce. Evidentemente, sería imposible una comunidad si todo el mundo hiciera lo que le viniera en gana.

Necesitamos cierto orden, cierta organización, y es así como evoluciona la civilización. Pero volvamos a la cuestión inicial: ¿Es el hombre cada vez más conformista? Somos cada vez más libres, no hay duda de que se nos permite hacer muchas cosas que antes eran impensables, por ejemplo en la Edad Media o hace cien años. Naturalmente, el grado en el que puede desarrollarse libremente la individualidad tiene que variar en diferentes culturas y en distintos periodos.

A mayor progreso individual menor es el conformismo. Esto tiene sus ventajas, permite al individuo desarrollarse, pero plantea problemas prácticos en el aspecto social. La sociedad ha de recurrir a la penalización de las conductas inconformistas para nivelar la balanza. De manera que las presiones sociales inmediatas, a las que todos estamos sujetos, fuerzan a la persona a conformarse. Dicho de otra manera, no hay forma de solventar el eterno conflicto entre las aspiraciones libertarias individuales y la presión social por controlarlas. La lucha incesante por no perder nuestra intrínseca personalidad se topará siempre con la represión de la sociedad por someterla a su control. Aunque a todos nos queda el recurso de evolucionar como personas afianzando nuestra conciencia individual y encauzándola de manera que nuestra personalidad sea más íntegra y completa.

*Imagen: Resignation, de
James D. Lewis

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