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Mostrando entradas de enero, 2009

Brindis por Sofía

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He estudiado lo suficiente para no saber nada. Con tales antecedentes debería ser realista o escéptica, pero me estoy convirtiendo en una cínica díscola y subversiva, dedicada a denunciar fallos, empeñada en demostrar la endeblez de la autoridad y dejar sus poderes desenmascarados, ridiculizados e inservibles, en llevar la razón un poco más lejos de lo razonable. Me gusta caminar sobre esa cuerda floja que divide la ortodoxia en dos herejías contrarias.

La Filosofía no es una lamentable necrópolis de nombres y de fechas. Brindo por ella, por Sofía, por la verdad indemostrable, por la realidad inabarcable, por las incongruencias del pensamiento, por las paradojas, por el suelo que se mueve bajo nuestros pies y nos deja sin ninguna base, con el culo al aire...

Conciencia

Las opiniones sobre lo que está bien y lo que está mal difieren. Una de las posibles conclusiones de esta observación sería la de que cada persona debe seguir su propia conciencia. Pero, que sea correcto o no actuar según la conciencia depende, de hecho, de lo que ésta diga al respecto. La falacia de que siempre se tiene que seguir la propia conciencia se basa en dos consideraciones: la primera es “que los dictados de la conciencia siempre son acertados”; y la segunda, que “nadie debería ser obligado a actuar en contra de su conciencia”. Actuar en conciencia no exonera a la persona de su responsabilidad moral. La conciencia puede cometer errores o ser consultada con demasiada ligereza. A veces es preciso seguir la conciencia en contra de la opinión general, o incluso en contra de la ley. Pero esto no es excusa para obrar mal.

En sus inicios, la Iglesia cristiana consideró la conciencia como un esclarecimiento interno dado por Dios para distinguir el bien del mal. Pero como los filósofo…