El amor es ciego, asegura el dicho. Ahora, la ciencia acaba de confirmarlo. Un grupo de científicos ha demostrado que los sentimientos amorosos provocan una supresión de la actividad en las áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico. Básicamente, una vez cerca de nuestra media naranja, el cerebro nos juega una mala -o quizá, buena- pasada y decide reducir nuestra capacidad de evaluar el carácter y la personalidad del objeto de nuestro afecto. Los investigadores de la University College London (UCL) demostraron que tanto el amor que llaman "romántico" como el maternal producen los mismos efectos en el cerebro, suprimiendo la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica del prójimo y las emociones negativas. En todos los casos, el amor, en sus fases iniciales, deja a sus presas "flotando en las nubes".
Tanto el estudio de los enamorados como el de las madres registró un incremento de la actividad en el área del cerebro conocida como "sistema de recompensa". Cuando esas zonas son estimuladas (por ejemplo con comida, vino o un buen sueldo) producen sentimientos de euforia. Pero lo que más sorprendió a los investigadores es que ambos estudios mostraron una reducción de la actividad de los sistemas cerebrales necesarios para realizar juicios negativos. El mismo experimento, realizado con animales, llevó a resultados similares. El jefe del equipo de investigación, doctor Andreas Bartels, encontró una explicación sencilla para el fenómeno: es fundamental que tanto el amor romántico como el maternal sean vistos por el cerebro como algo extremadamente positivo. De otra manera, la especie dejaría de propagarse. "Nuestra investigación nos permite concluir que las relaciones humanas, para superar las distancias sociales, utilizan un mecanismo que desactiva las redes de evaluación social crítica y emociones negativas, al tiempo que une a los individuos involucrándolos en un circuito de recompensa que explica el poder del amor para motivarnos y gratificarnos", explicó el doctor Bartels.
Otra investigación italiana, publicada en 1999, sugirió que el amor disminuía un neurotransmisor llamado serotonina en el cerebro, dejándola en los mismos niveles que los de las personas que sufren de un desorden obsesivo compulsivo. Este descubrimiento explicaría por qué algunos enamorados suelen obsesionarse con su pareja.
Pero los efectos secundarios del amor no terminan aquí. El doctor John Marsden, director del Centro Nacional de Adicciones del Reino Unido, llegó a la conclusión de que la dopamina -la sustancia producida por el cerebro cuando está excitado- produce en el cuerpo los mismos efectos que la cocaína o las altas velocidades: El cerebro "se incendia" cuando una persona empieza a hablar con alguien que encuentra atractivo. El corazón triplica su ritmo normal y bombea más sangre a las mejillas y a los órganos sexuales, con los conocidos "hormigueos en el estómago" como resultado. Sin embargo, tal como sucede con la cocaína y la velocidad, el efecto del amor es sólo temporal, y dura como máximo entre tres y siete años. Entonces, el futuro de la relación depende de factores mucho más profundos que un conjunto de hormonas y de caprichos cerebrales.
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