Filosofía anónima

La filosofía debe entenderse como un discurso anónimo. De haber algún protagonismo, éste debe recaer en las ideas mismas. Pero sucede que algunas ideas han supuesto rupturas, grandes transformaciones teóricas: Galileo, Newton, Freud, Marx… Son autores polémicos de los que se realizan diversas interpretaciones, sus discursos se presentan como la prolongación de antiguas problemáticas.

Wittgenstein escribió lo siguiente el 8 de diciembre de 1914: “He comprado el tomo octavo de las Obras de Nietzsche y he estado leyendo en él. Me ha conmocionado mucho su hostilidad contra el cristianismo. Pues también en sus escritos hay algo de verdad. Ciertamente, el cristianismo es el único camino seguro para llegar a la felicidad. Pero ¿qué pasaría si alguien desdeñara esa felicidad? ¿No podría ser mejor perecer, siendo desdichado, en la lucha sin esperanza contra el mundo exterior? Pero una vida como ésa carece de sentido. Mas ¿por qué no llevar una vida carente de sentido? ¿Es eso indigno? ¿Cómo se compadece esto con la posición rigurosamente solipsista? ¿Y qué debo hacer para que mi vida no quede perdida?”

Al leer este texto ¿a qué pregunta entendemos que responde?, ¿a la verdad del cristianismo?, ¿a la posibilidad de la felicidad?, ¿a la del sentido de la vida? De lo que se trata siempre es de dar con los problemas que el discurso intenta resolver, con independencia del autor que lo haga y de sus declaraciones.

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