Ignorancia cristiana

La ignorancia del funcionamiento de las lógicas de impregnación se puede entender si subrayamos que muchas de estas determinaciones se propagan en el registro inconsciente, escapando a los niveles de claridad de la consciencia informada y lúcida. Las interferencias entre los sujetos y esta ideología se manifiestan sin lenguaje, sin los signos de una reivindicación abierta. Salvo los casos de teocracia vindicada, es decir, los regímenes políticos inspirados en uno de los tres libros: Biblia, Corán, Torá, la genealogía judeocristiana de las prácticas laicas se le escapa, casi siempre, a la mayoría, incluyendo a los practicantes protagonistas e individuos involucrados.

La invisibilidad de este proceso no proviene del hecho de que se difunda de manera inconsciente. Supone también la incultura judeocristiana de muchas de las partes receptoras. Incluso entre los creyentes y practicantes a menudo mal informados, o totalmente desinformados por las ruedas del molino ideológico que les hace tragar la institución y sus filiales. La misa dominical no ha destacado nunca como lugar de reflexión, de análisis, de cultura, de difusión e intercambio de saber; el catecismo tampoco, ni tampoco las otras ocasiones rituales y culturales de las demás religiones monoteístas.

Las mismas observaciones se pueden hacer sobre las plegarias en el Muro de las Lamentaciones o de las cinco citas diarias de los musulmanes: se reza, se practica la reiteración de las invocaciones, se ejercita la memoria, pero no la inteligencia.

La construcción de la religión, el conocimiento de los debates y controversias, las invitaciones reflexionar, analizar, criticar, las confrontaciones de informaciones contradictorias, los debates polémicos, todo esto brilla por su ausencia en la comunidad, donde más bien triunfan el psitacismo y el reciclado de fábulas mediante una mecánica que repite sin innovar, que reclama la memoria y no la inteligencia. Salmodiar, recitar y repetir no es pensar. Rezar tampoco.

Escuchar por enésima vez un texto de Pablo e ignorar la existencia del mundo de Gregorio Nanianzè; hacer el pesebre cada año y no saber cuáles fueron las disputas del inicio del arrianismo o el concilio sobre la iconofilia; comulgar con pan ácimo y desconocer el dogma de la infalibilidad papal; asistir a misa el día de Navidad y no saber nada de la recuperación por parte de la Iglesia de esta fecha pagana del solsticio de invierno en que se celebraba el sol invictus; asistir a bautizos, bodas y entierros de familiares ante el altar y no haber oído hablar nunca de los evangelios apócrifos; rezar bajo un crucifijo e ignorar que la pena que se imponía por el delito que inculpaba a Jesús en su proceso no era la crucifixión, sino la lapidación, y tantos otros déficits culturales debidos a la fetichización de los ritos y de las prácticas, plantea un problema para un hipotético ejercicio lúdico de su religión.

Comentarios