Breve estudio del antisemitismo

Con su obra Los verdugos voluntarios de Hitler, Daniel Jonah Goldhagen ha suscitado la controversia. A diferencia de la mayoría de historiadores, Goldhagen afirma que el potencial criminal de la fobia antisemita ya existía antes de 1933, y por eso subestima en general los cambios habidos a comienzos de 1933. Partiendo de esta base, resta importancia al papel de Hitler, y llega, entre otras cosas, a la conclusión de que “lo que realmente hicieron Hitler y los nazis fue quitar todas las trabas que frenaban a los alemanes y, por ende, poner en acción su antisemitismo reprimido, pero ya existente”. Lo que él denomina el “gran logro” de la persecución de los judíos vino determinado “en general” por el “antisemitismo demonológico, basado en consideraciones raciales, y exterminacionista que ya existía en el pueblo alemán, y que Hitler se limitó simplemente a desencadenar”.


El estudio de Goldhagen ha sacado a la luz temas importantes y ha dado pie a que se investigue sobre ellos. No obstante, y es mi opinión personal, el apoyo social de Hitler o la tolerancia a su persona y a su dictadura por parte del pueblo alemán se debieron a múltiples causas, las más importantes de las cuales tienen poco o nada que ver con la persecución a los judíos.




El antisemitismo tuvo al principio poca importancia, no solo porque privar a los judíos de sus medios de vida habría perjudicado la recuperación económica del país, sino porque en 1933 a la mayoría de los alemanes no les preocupaban tanto los judíos ni tenían una idea tan negativa de ellos como Hitler y los nazis. Los primeros objetivos del nacionalsocialismo no fueron los judíos, sino los individuos y grupos considerados como una amenaza para el orden social: comunistas, delincuentes, individuos asociales y problemáticos... Al principio, los nazis no actuaron impulsados por un fanatismo ciego, sino porque contemplaban las realidades sociales y políticas que les rodeaban. Pusieron en práctica campañas raciales y represivas atendiendo a la sociedad, la historia y las tradiciones alemanas.




Durante los primeros años del Tercer Reich, los judíos alemanes eran envidiados por casi todos los demás judíos de la Europa central y oriental, y durante la República de Weimar y hasta cierto punto, incluso antes, gozaron de mayores oportunidades de promoción social de las que dispusieron, por ejemplo, los judíos de Estados Unidos. Desde su emancipación en 1871, los judíos alemanes se integraron en la sociedad como ciudadanos respetuosos con la ley, que asumían los valores típicos de la clase media del trabajo, la decencia y los sólidos principios familiares, por lo que su conducta era considerada digna de elogio. A medida que el régimen fue promulgando leyes discriminatorias, los judíos se fueron convirtiendo en marginados sociales, algo que ocurrió muy gradualmente.



Se ha dicho que los alemanes ignoraban la existencia de los campos de concentración, las actuaciones de la policía secreta, los asesinatos, las persecuciones, etc. Los alemanes se han defendido aduciendo que estaban mal informados al respecto y que fueron los primeros sorprendidos ante las revelaciones que se produjeron al final de la guerra. Sin embargo, los medios de comunicación de la época publicaron gran cantidad de material relacionado con las actividades policiales y los campos de concentración, también se hicieron campañas discriminatorias. El régimen anunciaba a bombo y platillo sus actuaciones y las presentaba como un triunfo contra la delincuencia, la inmoralidad y la pornografía. Eran una prueba de la modernidad y la superioridad del nazismo.

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