Cuaderni del carcere


“No existe la filosofía en general, sino diversas filosofías o concepciones del mundo entre las cuales es siempre preciso optar”.
“Se plantea así el problema fundamental de toda concepción del mundo, de toda filosofía, que haya llegado a ser un movimiento cultural, una ‘religión’, una ‘fe’, esto es, que haya producido una actividad práctica y una voluntad y esté contenido en ellas como implícita ‘premisa’ teórica…, esto es, el problema de conservar la unidad ideológica en todo el bloque social que es cimentado y unificado gracias a esa determinada ideología”.
“¿Es para una filosofía, una fuerza o una debilidad el haber sobrepasado los solos límites de los restringidos círculos intelectuales, para difundirse entre las grandes masas, aun cuando sea adaptándose a la mentalidad de estas y perdiendo poco a poco su mucho nervio?”
“¿Quién ha conservado la fuerza de los sinceros impulsos teóricos sino la fidelidad de las masas populares que se habían apropiado su concepción del mundo, aun cuando fuera en formas supersticiosas y primitivas?”
“A través de la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado grupo, precisamente al de todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar y de operar. Uno es siempre conformista respecto de algún conformismo, siempre hombre-masa u hombre-colectivo. La cuestión es otra: ¿de qué tipo histórico es el conformismo, el hombre-masa del cual uno forma parte?”

Desde la celda de una cárcel, Antonio Gramsci escribe estoico, enfermo, perseguido y desdichado una obra elaborada con fragmentos brillantes: Cartas desde la cárcel, en la que su posición teórica se escora en medio de la tormenta ideológica ora a un lado, ora al otro. Desde la filosofía, la política, la reflexión racionalista, el análisis escrupuloso o la ideología, Gramsci construye a su manera y con sus medios una representación imaginaria del mundo. Vivió su apuesta como la tragedia inevitable del intelectual y perdió. Sus cartas dan fe del duro camino recorrido.

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