Intimidad



Desde Descartes a nuestros días, una parte significativa de pensadores y filósofos han firmado el acta de defunción de muchas creencias y valores seculares, incluyendo a dios, al hombre y, con él, su mundo interior, su intimidad. Nuestra forma de vida actual no ayuda precisamente a mantenerla. Vivimos aterrados ante la inminente llegada del apocalipsis espiritual tan cacareado y el hombre de hoy se ha convertido en un extraño, incluso para sí mismo, llegando, en ocasiones, a perder la intimidad.
La intimidad es una parcela inherente al ser humano desde que toma conciencia de sí, se reconoce como yo y se identifica con un nombre con el que ha de convivir y presentarse a otros nombres.
Tal vez sea el escritor y el filósofo, o el filósofo y el escritor, el orden no altera nada, quienes con su ejercicio silencioso hayan hecho crecer y hayan conquistado espacios nuevos para la intimidad. No lo hacen por una sed de trascendencia, sino por sinceridad, por amor al mundo y a los seres que lo pueblan. Son conscientes de que al conjugar los verbos en primera persona del singular se refieren a otros, que se les parecen bastante.

Comentarios