Adónde vamos sin ética


La sociedad está formada por individuos, por personas, pero estas personas no son solo cuerpos. Cada ser humano tiene una dimensión que va más allá de lo meramente corpóreo y material y aunque la ciencia agote sus palabras para explicar cómo funciona nuestra inteligencia, por qué amamos o por qué todos sentimos dentro un deseo de libertad, tampoco podemos reducir nuestra actividad cerebral a una conexión entre cientos de miles de neuronas, pues la evidencia demuestra que hay algo más, una dimensión emocional, psíquica, trascendental, cultural y social que nos convierte en personas. Si olvidamos esta faceta humana, desposeemos al hombre de su esencia, de su dignidad, y lo reducimos a un ente orgánico. De ahí a convertirlo en objeto va muy poco.

Así nos vemos ahora. Tras años en los que hemos dejado de ser personas para convertirnos en trabajadores, en votantes, en público, en clientes, en definitiva, en seres sin alma, la sociedad es un lugar hostil e inhóspito, donde cuesta vivir. El hombre es mucho más que alguien que trabaja o que compra, aunque de tanto negar esta obviedad hayamos relegado nuestras ilusiones, los sueños que ponían un objetivo a nuestros días.

Sin ética, sin unos valores que nos rijan, no vamos a ninguna parte, nos perdemos sin remedio. Cuando termine de leer esto, reflexione unos segundos sobre quién es usted. ¿Lo sabe o lo ha olvidado? Quizás nunca lo supo, nunca tuvo tiempo para sí, para descubrirse y conocerse mejor. ¿A qué espera? Mire dentro de sí mismo y averigüe qué hay. Deje de mirar con los ojos y penetre con su inteligencia en la realidad oculta. Tal vez le sorprenda cuando se le desvele el enigma.

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