Muerte


Atala au tombeau, Girodet de Roussy (1808).
Resulta difícil imaginar qué es la muerte, sin embargo, es fácil comprobar el efecto devastador que causa entre quienes sobreviven a su visita, porque de esta aflicción en el alma entorno al inexplicable vacío, todos guardamos memoria.
El sentimiento de dolor decrece a medida que las ondas se alejan del centro fatal. La fuerza de los círculos mengua y crea una disolución absoluta en esa laguna Estigia hecha de lágrimas en la que reposan los muertos. Cuando la muerte llama, no caben deserciones. Negarse a acudir es empezar a ir. Cualquier resistencia está condenada al fracaso, incluso la resignación perece como una trampa volátil, que toma su energía de la debilidad.
La muerte es el juez que nos indulta de la vida.

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