Epicuro y una vida sin sentimientos


Para los antiguos filósofos griegos, la ética era el arte de vivir de la mejor manera posible, alcanzando la plenitud de la existencia. La ética aconsejaba cómo ser felices, pero no todos los filósofos estaban de acuerdo en la forma de lograr la felicidad. Unos consideran que la vida dichosa es un estado posible que el ser humano puede alcanzar. Otros filósofos opinan que, como mucho, se puede aspirar a no ser desgraciado, a llevar una vida con los mínimos sufrimientos posibles.
Epicuro pensaba que todo placer lleva como compañía inseparable una dosis de sufrimiento. Identificaba la felicidad con placer, entendiendo por placer la supresión o reducción del dolor que acompaña siempre a la vida humana. Epicuro defiende un hedonismo casi asceta, pues entiende que quien se entregue a la búsqueda de los placeres obtendrá más dolor que placer y, en consecuencia, lo sensato es controlar el impulso que nos mueve hacia el placer.
Como todos los filósofos de su época, Epicuro intentaba preservar a la humanidad de su sufrimiento, aliviar el pesar de los seres humanos. Para conseguirlo propone una panacea basada en cuatro reglas, recogidas en los siguientes versos: “No temas a Dios, no te preocupes por la muerte, lo bueno es fácil de conseguir, lo espantoso es fácil de soportar”.
Apaciguar el dolor humano implica identificar cuál es su origen, de dónde procede. El mal que mayor sufrimiento produce es el miedo. La posibilidad del dolor nos constriñe con más fuerza que el dolor que se presenta y ataca a nuestro cuerpo o a nuestra alma. Los males presentidos son más terribles que los reales y, entre todos los temores, hay uno que destaca sobre el resto: el miedo a morir. Para Epicuro, nuestras escasas dichas se empañan del temor permanente a la muerte. Así pues, el primer remedio debe ser eliminar de cada persona su temor a morir.
Pero ¿qué nos espanta realmente del morir? En aquella época, lo terrible era que la muerte no existiese, que el deceso no fuera el fin y el alma continuara viva tras la muerte física. Por eso Epicuro difunde que la muerte es el fin de la existencia: Cuando tú eres, tu muerte todavía no es; y cuando tu muerte sea, tú ya no serás. Según esta idea, no se producirá el encuentro entre una persona y su muerte. Será la agonía la que nos encuentre y lo único que perciba el individuo. De esta manera, la agonía también aterroriza y por ello Epicuro ofrece un remedio para menguar este temor y es convencernos de que lo espantoso es fácil de sobrellevar.
Sin embargo, no solo la muerte o la agonía nos atemorizan a los humanos, la muerte también trunca nuestros proyectos, pone fin a nuestros planes y siempre impedirá que los llevemos a cabo. Por tanto, hay que disfrutar el momento actual, prescindir del tiempo y renunciar a los proyectos, es decir, vivir sin un plan, sin compromisos, con un desapego hacia todo lo que nos rodea: “Ten amigos como si no los tuvieras, porque su pérdida, su muerte o su alejamiento, duele más que el placer que depara su compañía”. Y esta máxima se hace extensiva a todo aquello en lo que depositamos nuestro afecto.
La máxima epicúrea recomienda el Carpe diem, disfruta el momento. Sin poner esperanza en el futuro y sin sentir añoranza o remordimiento por el pasado. La filosofía epicúrea exige, para no sufrir, una vida sin sentimientos. Es el precio que hay que pagar para ser felices. Pero ¿es vida?

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