El rostro de Dios

Hacia el año 180 d. C., san Irineo aseguró que existían representaciones de su figura de Cristo facilitadas por testigos de la época, pero nada ha quedado de ello. La primera reproducción gráfica que tenemos de la cara de Jesús se remonta al siglo I de nuestra era, y fue hallada en una catacumba romana. Allí se observa a un hombre de facciones semitas, nariz puntiaguda, barbudo, de labios gruesos, pelo negro y abundante melena. De hecho, esta es la faz que se perpetúa en el arte bizantino y que ha llegado a nosotros.
 
El año 2002, la Nacional Galery de Londres organizó una exposición donde era posible ver todas las representaciones artísticas de Cristo, desde las pinturas paleocristianas a la obra de Dalí. Un año después, la BBC colaboró con Discovery y el Canal 3 de Francia para producir un documental titulado “El hijo de Dios”, donde se realizaba un acercamiento al aspecto físico de Jesús adulto. El final era un retrato elaborado pro ordenador. La reconstrucción partió de la base del cráneo de un habitante de Galilea del siglo I que fue hallado junto a otros esqueletos al realizar las obras de una carretera de Jerusalén y que, evidentemente, no es la cabeza de Cristo. Tomando como punto de referencia estos restos y las características físicas de los judíos de la época, los especialistas llegaron a la conclusión de que el Nazareno era bajo, de piel aceitunada, nariz grande, rostro agradable, barba, bigote y pelo corto y rizado, pero esta descripción eso solo una hipótesis imposible de contrastar.

Comentarios