El ateísmo hoy

El ateísmo es la ausencia de una creencia concreta.
 
Hasta hace no mucho, el ateo confeso constituía una rareza. No resultaba habitual que alguien cuestionase creencias y dogmas asentados en nuestra cultura, negara la existencia de cualquier dios o renunciase a creer en ninguno de ellos. El ateísmo es minoritario en los países occidentales, aunque poco a poco la sociedad se va haciendo más laica, y esta opción puede exponerse con cierta libertad, sin que se prendan las piras.
Como en cualquier religión, en el ateísmo existen distintas formas de interpretarlo. Encontramos al ateo anticlerical, al antirreligioso, al científico intelectual que solo confía en la razón o al que defiende valores morales parecidos al de cualquier religión.
El ateísmo ha existido desde siempre. Algunos filósofos griegos elaboraron justificaciones racionales para serlo. El siglo XVII trajo el racionalismo, luego vino el liberalismo, la revolución industrial, Nietzsche mató a dios y logró que aumentase el número de ateos y de agnósticos. Aunque algunos filósofos y científicos se declararon ateos, como Bertrand Russell o Carl Sagan, lo hicieron sin estridencias, sin intentar convencer a nadie de su falta de creencias. Y las sociedades modernas separaron la Iglesia de Estado, con excepciones como Estados Unidos, que mantiene alusiones a dios: «En Dios confiamos» es un lema nacional y va impreso en los billetes.
Aún en países laicos o aconfesionales, donde la religión es un asunto privado, esta frena ciertos avances sociales, en concreto en asuntos relacionados con la reproducción y la sexualidad. Esto en cuanto a la religión cristiana y sus derivados, porque el islamismo lleva décadas radicalizándose y en la actualidad conduce sus ideas al paroxismo.
Quizá por eso vuelve a tomar fuerza el ateísmo, porque la lógica de sus argumentos es más poderosa y porque la religión es todavía un tabú sobre el que conviene pasar de puntillas, para no soliviantar a nadie. En el mundo moderno tiende a imponerse la democracia y la libertad de expresión. Poder discutir cualquier asunto resulta imprescindible, especialmente ahora que el extremismo religioso se está convirtiendo en un problema que no se sabe cómo atajar y da la razón a quienes piensan que la religión es nociva y alienante por creer en causas sobrenaturales.

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