El problema de Dios

Con el problema de Dios ocurre lo mismo que con todos los problemas, que es mucho más fácil dejar de pensar en ellos que planteárselos. Por eso el problema de Dios, la gente lo resuelve por inanición, dejando de pensar. Y es que la sociedad actual, pese a sus neurosis y vacío, se las va arreglando bastante bien para vivir sin Dios. Aunque una cosa es la sociedad y otra, cada hijo de vecino.


El problema de Dios somos nosotros: lo más propio y más noble del hombre es esa inquieta mirada hacia la altura que, a la vez que mira, nos eleva. Un hombre solo, intentando resolver con las armas humildes de la palabra, de la inteligencia y de la emoción una adivinanza que carece de respuestas categóricas puede estar sosteniendo el alto e inestable edificio del alma humana y de la cultura.

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