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El origen del dualismo

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Empédocles de Aciagas (492-432 aC) acepta la eternidad del ser sin desnudar el universo físico y perceptible de toda realidad. Comenta: “Te diré otra cosa, no hay nacimiento de ningún ser mortal, ni ningún fin en el execrable muerto, sino mezcla y separación de aquello que es mezclado; nacimiento es el nombre que los hombres dan a estas dos cosas”. Como investigador de la naturaleza, Empédocles se enfrenta a una múltiple revelación de lo divino, descubierto, en primer término, en las formas primarias de la existencia corpórea. Después, en las fuerzas de la amistad y la discordia, una centípetra y otra centrífuga, según él, la causa genuina que, al actuar sobre la materia de los elementos, propicia su unión y su separación. La temporalidad queda así reservada a los seres compuestos, las cosas y los entes de este mundo, mientras que la eternidad se refiere únicamente a los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire, juntamente con las fuerzas del amor y la discordia. Un periodo de pro…