El infierno según el Corán

¿El infierno es eterno? La respuesta que ofrece el Corán no es clara, pues deja la puerta abierta a dos posibilidades. Los fasik, los hombres de las cimas, creyentes pecadores, se salvarán tras la aspersión con el agua del río de la vida, con tal que tenga una fe aunque sea del tamaño de un grano de mostaza. Parece ser que ese es también el caso de los condenados de los pisos superiores.

La suerte de los infieles, sin embargo, es más problemática. Muchos pasajes del Corán afirman que para ellos será el infierno eterno y critican la opinión contraria de los judíos. Para los hipócritas, las penas no tendrán fin. Pero la noción de eternidad en la lengua árabe es bastante imprecisa. Así como se habla del paraíso como “morada de eternidad”: dar al-khuld, la eternidad del infierno se expresa como: ahqab, palabra que designa un periodo de setenta años. En el versículo 11, 107, se da pie a la esperanza: el infierno durará eternamente, mientras duren los cielos y la tierra, a menos que tu Señor disponga otra cosa. Tu Señor hace siempre lo que quiere.

A partir de aquí se han originado dos tradiciones: la rigorista, que mantiene la eternidad de lo suplicios y la que admite el final del infierno, pues considera que tanto el infierno como el paraíso son accidentes y no substancias y, por tanto, serán destruidos un día, lo mismo que cualquier otra realidad creada.

La posición del Islam respecto al infierno es más flexible que el cristianismo. Aquí no se ponen límites a la misericordia divina, que termina por prevalecer a la estricta justicia. El infierno musulmán no es un infierno total, ya que existe la esperanza. Los condenados imploran su salvación y, aunque el proceso sea lento, el recurso siempre es posible. Por tanto, es preferible ir al infierno musulmán que al cristiano, esa implacable y atroz máquina de triturar a los malvados que ha inventado el ingenio humano.

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