El trabajo según el concepto marxista

«La capacidad que más distingue al hombre del animal, es el trabajo», dijo don Carlos, mitificando el trabajo desde una reflexión antropológica y política que lo consagra no únicamente como el gran motor de la historia, sino también como el elemento más definidor de nuestra propia individualidad.

Marx reconoce su deuda con Hegel y considera el trabajo como un momento crucial de la formación humana. En los Manuscritos aparece definido el concepto de alienación en una triple dimensión: como acción, como objeto y según las relaciones sociales que engendra. El hombre toma consciencia de su identidad de sujeto a través de la negación diaria de sus potenciales que implica el hecho de pasarse doce horas diarias en una cadena de montaje. Esta última estimación cierra el círculo de la consideración favorable del trabajo humano, hipotecando, como tantas otras veces en el marxismo, la propia filosofía, o incluso la ética, a la política; aunque sería injusto olvidar que posteriormente Marx propone como meta del comunismo «la abolición-superación del trabajo», en el sentido capitalista del término. En la actualidad asistimos al fracaso estrepitoso de una de las previsiones más precisas de Marx sobre las revoluciones socialistas, según la cual estas deberían iniciarse en los países donde había un proletariado industrial organizado, y que curiosamente son ahora capitalistas.

No creo necesario añadir nada respecto a las prácticas del comunista Stakhanov, padre de la ideología «redentora» caracterizada por valorar el trabajo como una actividad que supuestamente dignifica a la humanidad, a base de explotarla. (La cursiva es mía.) Me parece tan incalificable como el eslogan que rezaba en la puerta del campo de concentración de Auschwitz: «El trabajo os hará libres».

Comentarios