El gilipollas de Schrödinger



Con el fin de mostrar lo paradójico y desconcertante que resulta el mundo cuántico, el científico austríaco Erwin Schrödinger planteó en 1935 un experimento imaginario, conocido como la paradoja del gato de Schröringer.

El supuesto era el siguiente: dentro de una caja cerrada y opaca hay un gato, una botella con gas venenoso y un dispositivo con una partícula radiactiva que tiene un 50 % de posibilidades de descomponerse. Si esta partícula llega a desintegrase, el veneno quedaría liberado y el gato moriría. En consecuencia, la probabilidad de que el gato esté vivo son las mismas de que esté muerto. La única manera de averiguarlo es abriendo la caja. Hasta el momento de abrir la caja, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo.

Lo que Schrödinger no sabía es que su experimento seguiría vigente en el siglo XXI, pero con otro significado.

«El gilipollas de Schrödinger» es esa persona que hace comentarios o chistes sexistas, racistas, intolerantes o fuera de tono y solo afirma que habla en serio o en broma al ver las reacciones que provoca en los demás. De manera que, hasta abrir la caja de la opinión, el gilipollas habla en serio y en broma.

Casi todos nos hemos encontrado en alguna ocasión con ese tipo, lanza sus comentarios y espera a ver la cara de los demás. Si hay una sonrisa en ella, sigue con sus comentarios animado por la reacción que ha provocado. Si las caras permanecen serias u ofendidas, se apresura a decir que no hay para tanto, que solo bromeaba.

En broma o en serio, cada cual se retrata con esas opiniones machistas, xenófobas, humillantes, clasistas… Nos burlamos de quien no se ajusta al patrón establecido y mientras aplaudamos estas mofas seremos cómplices del desprecio.

Por eso, cuando detectemos este peculiar sentido del humor, la mejor opción es explicar que no nos hace gracia que se denigre a nadie.

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